29 abril 2019
Aquellos viejos tiempos del fútbol en España, por Luis Alberto de Cuenca
cuando un pase genial de Di Stéfano a Puskas
borraba de un plumazo todos tus sinsabores
de niño solitario, bulímico y neurótico
Tiempos en los que hubieses dado tu alma a cambio
de un balón. Horas muertas corriendo por el césped
imitando a tus ídolos, soñando con jugadas
imposibles que siempre terminaban en gol.
Tardes de los domingos marcadas por el fútbol
que sonaba en la radio. Tardes en que las cosas
eran mucho más dulces si tu equipo ganaba
y mucho más amargas si tu equipo perdía.
Qué te queda de aquello. Viejas alineaciones
que repetir delante de los viejos amigos,
y un nudo en la garganta cuando alguien te recuerda
los años que han pasado.
Aquellos viejos tiempos del fútbol en España, por Luis Alberto de Cuenca
27 abril 2019
Manifiesto contrasexual
Paul B. Preciado
24 abril 2019
FOOTBALL F. Scott Fitzgerald
Sobre F. Scott Fitzgerald
"Su primer poema, titulado Football, data de 1911, cuando ingresa en el internado de Newman School, y trata la figura del héroe deportivo. El joven Scott había sido acusado de comportarse cobardemente durante un partido y, lleno de amargura, concibió 36 versos. "El incidente me inspiró un poema que escribí para la revista de la escuela, un poema que a mi padre le produjo más entusiasmo que si yo hubiese sido campeón de fútbol". Aprendió que las derrotas de la vida social podían ser transformadas en victorias íntimas en la literatura".
Juan Tallón.
FOOTBALL
Now they’re ready, now they’re waiting,
Now he’s going to place the ball.
There, you hear the referee’s whistle,
As of old the baton’s fall.
See him crouching. Yes, he’s got it;
Now he’s off around the end.
Will the interference save him?
Will the charging line now bend?
Good he’free; no, see that halfback
Gaining up behind him slow.
Crash! they’re down; he threw him nicely,—
Classy tackle, hard and low.
Watch that line, now crouching waiting,
In their jerseys white and black;
Now they’re off and charging, making
Passage for the plunging back.
Buck your fiercest, run your fastest,
Let the straight arm do the rest.
Oh, they got him; never mind, though,
He could only do his best.
What is this? A new formation.
Look! their end acts like an ass.
See, he’s beckoning for assistance,
Maybe it’s a forward pass.
Yes, the ball is shot to fullback,
He, as calmly as you please,
Gets it, throws it to the end; he
Pulls the pigskin down with ease.
Now they’ve got him. No, they haven’t.
See him straight-arm all those fools.
Look, he’s clear. Oh, gee! don't stumble.
Faster, faster, for the school.
There’s the goal, now right before you,
Ten yards, five yards, bless your name!
Oh! you Newman, 1911,
You know how to play the game.
Francis Scott Fitzgerald
15 junio 2018
CHU HSI (1130-1200)
LOS BARCOS ESTÁN A FLOTE
Anoche a lo largo de las orillas del río
Se han alzado los anegamientos de Primavera.
Grandes barcos de guerra y enormes barcazas
Flotan ligeras como plumas.
Antes, nada podía moverlas del barro.
Hoy nadan con facilidad en la rauda corriente.
"El poeta chino... se presenta como una persona de infini-
to descanso y libre de las ambiciones mundanas".
Francois Jullien, sinólogo francés.
27 octubre 2015
El poeta antipático
El poeta antipático
por Andrés Ibáñez
Poesía reunida
Barcelona, Lumen, 2014
Trad. de Damián Alou y Marcelo Cohen
256 pp. 22,90 €
Philip Larkin fue un poeta importante para algunos de los poetas de nuestra generación del cincuenta (una generación que, como casi todas las que pueblan nuestra historia literaria, estuvo formada por artistas totalmente disímiles), porque proponía un tipo de poesía moderna pero coloquial, civil, cotidiana. Auden fue el primero en practicar en inglés este tipo de poesía, en la que podemos encuadrar también a Sir John Betjeman. Los tres son poetas muy diferentes. Auden es inmenso como un continente, o incluso como varios continentes; Betjeman, un creador de encantamientos que también podía ser amargo; y Larkin, un creador de amargura que sólo en ocasiones se permitía algo de encanto. Pero hay una cosa que une a los tres, modernos, civiles, coloquiales como son, antirrománticos, claros, comunicativos: que los tres fueron también inmensos virtuosos del verso, de la rima y del metro.
Esta poesía en estrofas, al ser traducida en verso libre, pierde mucho del carácter original y se transforma en algo muy diferente de lo que era. Es lógico no intentar traducir con metro y rima, algo que sólo puede hacerse a costa de desfigurar el original. Creo, incluso, que una traducción de este tipo sería mal vista, o considerada como algo anticuado. Sin embargo, las traducciones de esta clase de poetas difícilmente pueden dar una idea de cómo suenan en el original.
Es cierto que una traducción rimada ha de cambiar cosas y en ocasiones seguir sólo muy tenuemente el «sentido» general de un pasaje. Pero, en el original, también la rima y el metro exigieron la aparición de esta o aquella palabra o la sintaxis azarosa de una frase. La estrofa imprimió unas exigencias al poema, pero este se vierte ahora en una lengua totalmente libre de restricciones. Una palabra que sólo el ingenio y la necesidad de la rima pusieron en el original parece, en la traducción, una simple elección del poeta.
¿Cómo leerían a Auden y a Larkin poetas como Jaime Gil de Biedma? Hemos de suponer que los leyeron en inglés. Pero entonces, ¿por qué no se sintieron interesados por su forma, por las delicadas rimas de Auden, por las densas estrofas de Larkin? ¿Cómo pudieron influirles tanto si no les influyó en absoluto su sonido y su ritmo?
Una breve consideración sobre el metro y la rima en España e Inglaterra
En España, país extremado, todo ha de ser siempre totalmente blanco o totalmente negro. Por lo general, se considera que la poesía rimada y medida es «antigua». Muy pocos poetas del siglo XX han seguido practicando las formas poéticas heredadas del pasado. ¡Vade retro, soneto, horrenda antigualla! Las formas clásicas de un poeta como Leopoldo Panero, por ejemplo, son miradas con desdén. No así los sonetos de Blas de Otero, que reciben aclamación universal. Pero el metro y la estrofa son, por lo general, raros. Los maravillosos experimentos anapésticos de José Hierro fueron pronto olvidados por su autor en beneficio de una poesía mucho menos «musical».
Hay otras excepciones, si las buscamos. Carlos Edmundo de Ory, por ejemplo, ha practicado siempre una infinidad de estrofas y posibilidades rítmicas, como lo ha hecho, también con enorme originalidad, Juan Eduardo Cirlot. Pero por lo general, el poeta español de los años cincuenta, sesenta o setenta en adelante es autor de versos libres que, aunque muchas veces son en realidad endecasílabos, evitan como la peste la rima y la estrofa.
Ya en la generación del 27 es visible el fenómeno. En García Lorca existe un equilibrio casi perfecto entre la poesía estrófica (romances, canciones, sonetos) y la libre de Poeta en Nueva York o el Diván del Tamarit. Gerardo Diego, el más clásico de todos, practicó numerosas formas tradicionales. Jorge Guillén comenzó con numerosas formas clásicas (octavas, serventesios, cuartetos, cuartetas, sonetos, romances, endechas, etc.) que luego abandonaría en su extensa y triste obra posterior a Cántico. Rafael Alberti comenzó con canciones de tipo popular y practicó el soneto y el romance y, luego, diversas formas de poesía rimada, aunque la mayor parte de su obra está en verso libre. Luis Cernuda, aparte de unos juegos juveniles y algunos pocos experimentos con la asonancia («Un español habla de su tierra»), siempre escribió verso libre. Lo mismo sucede con Pedro Salinas, aunque sus versos libres suelen ser endecasílabos. Sólo Miguel Hernández aparece como un fiel practicante de la estrofa, que no intenta abandonar jamás, y dentro de cuyo molde exigente es capaz de la expresión más atrevida, formidable y original.
Lo mismo sucede con los latinoamericanos. Siempre nos extraña la fidelidad de Borges a la estrofa después del tímido verso libre de sus primeros libros. Pero la mayoría de los poetas del siglo XX posteriores a Leopoldo Lugones o a Ramón López Velarde o a Gabriela Mistral –Neruda, Vallejo, Huidobro, Paz, Lezama, Villaurrutia, Pellicer, Macedonio, Gorostiza, Gelman, Parra, Novo, Huerta, Mutis, Eielson, Vilariño, Lihn, Bolaño, Pizarnik– son casi totalmente (o totalmente) refractarios a la estrofa. Encontraremos excepciones si las buscamos: Evaristo Ribera Chevremont, Enrique Banchs, claro, Francisco Luis Bernárdez, Sara de Ibáñez, Eduardo Carranza… Eliseo Diego y Fina García Marruz también, cada uno a su manera, y a pesar de que la libertad suele ser su opción preferida.
Si observamos la historia de la poesía española vemos que el verso «blanco», como se llamaba entonces, apenas aparece en nuestra literatura hasta el siglo XX. Hay algunos experimentos en el siglo XVI de poesía sin rima en los imitadores de Horacio (algunas odas de Francisco de la Torre, una epístola de Garcilaso), pero vemos que incluso el teatro de los siglos XVII y XVIII está escrito siempre en verso hasta la llegada de las comedias en prosa de Moratín, a fines del siglo XVIII. A tal extrema formalización sólo podía seguirle una extrema ausencia de formalización.
Si comparamos esta situación, aunque sea someramente, con la de la poesía inglesa, nos encontraremos un paisaje totalmente diferente. Las obras de Shakespeare están escritas en lo que nosotros consideraríamos endecasílabos, que en inglés se llaman pentámetros yámbicos, aunque lo principal aquí es el pie (débil-fuerte) y no tanto el verso que, de cualquier modo, carece de rima. Algunos personajes de Shakespeare, como Iago, por ejemplo, están escritos en prosa, y en prosa está escrito el maravilloso monólogo de Hamlet «I have, of late».
John Milton escribió en versos sin rima su Paraíso perdido siguiendo el modelo latino, y aunque el siglo XVIII inglés se obsesionó con los ritmos pesados de John Dryden y Alexander Pope, en los románticos encontramos ya una total libertad, un total desvanecimiento de las formas heredadas, especialmente en William Wordsworth, que busca una prosodia similar a la de la lengua hablada y que se convertirá en el modelo principal de Walt Whitman. William Blake, por su parte, utilizará en sus poemas largos bien pies acentuales (anapestos, yambos) de una forma totalmente anárquica, bien, como en Jerusalem, su obra más extensa, una libertad rítmica total.
Alfred Tennyson favorece casi siempre la estrofa, pero escribió «Ulysses» o «Tithonus», por ejemplo, en verso libre. En Robert Browning encontramos todos los extremos: todos los juegos del ritmo y de la rima, hasta los más caprichosos, y también extensos poemas en verso libre, como Paracelsus o esa gran locura llamada El anillo y el libro, una inmensa novela escrita en verso sin rima.
Dado que el «verso libre» se alcanzó en la poesía inglesa tan pronto y que coexistió de forma natural con las formas medidas, incluso en la obra de un mismo autor, como sucede en los casos de Wordsworth, Blake o Browning, para los lectores británicos el verso libre no es síntoma de modernidad, ni la estrofa o la rima lo son de conservadurismo. ¿Quién es más «moderno», W. H. Auden con sus estrofas o Dylan Thomas con su libertad absoluta? En muchos aspectos, Thomas es un neorromántico, mientras que Auden es claramente un poeta del siglo XX.
Esa es la razón de que Philip Larkin sea un poeta tan innovador y original (sin duda lo es), pero que sea, al mismo tiempo, un poeta «tradicional» en su respeto casi continuo a la estrofa, la rima y el metro.
La originalidad de Larkin la encontramos precisamente en su idea de unir la poesía en estrofas con una materia rabiosamente contemporánea, y también en la creación de una voz propia y nueva. Este concepto de voz poética, tan importante en la poesía inglesa, no lo es tanto en la nuestra, donde se presupone siempre que la voz del poema es la del poeta, quiero decir, de la persona que escribe.
La poesía en inglés y la «voz»
Solemos entender que la voz de los poemas de Machado, por ejemplo, corresponde a Antonio Machado, el hombre. La poesía en inglés es mucho más sibilina, y haríamos mal en tomar la voz de los poemas de Frost, por ejemplo, por la del hombre Robert Frost.
Siempre me sorprende que la crítica hispana alabe siempre la «sinceridad» de los poetas, mientras que la anglosajona considere como virtud máxima la «ironía» de los suyos. Los críticos anglosajones siempre tienen la capacidad de encontrar «ironía» en versos que a menudo al lector le resultan profundamente líricos o elegíacos. ¿Es que esta gente no se cree nada?
El ejemplo más claro de trabajo con la voz poética nos lo proporciona Robert Browning en sus «monólogos dramáticos»: una voz que es la del personaje de ese poema, no la del poeta.
La originalidad de Larkin
Una voz que atrajo mucho a Larkin desde el principio fue la de Thomas Hardy (1840-1928), autor de versos tremendamente oscuros y pesimistas, además de rabiosamente trabados y formales.
Creo que nadie ha amado tanto la poesía de Hardy como Larkin (si exceptuamos a Joseph Brodsky, que lo admiraba mucho). La mezcla de perfección formal y pesimismo podrían ser una forma de definir el estilo de ambos. De Hardy tomó Larkin el tema del fracaso, el tono general de desilusión y también algunos motivos difíciles de definir de forma satisfactoria: las partidas y llegadas, la idea del poema como descripción de un viaje o un paseo solitario, las ciudades nocturnas mal iluminadas, la tristeza de los trenes.
Pero la voz de Larkin es claramente contemporánea. Es, además, ácida, desagradable, antipática. Se trata, quizá, del poeta más antipático que jamás haya escrito. Ha habido poetas crueles, grandes satíricos, es cierto, y hay poemas llenos de desengaño o incluso de odio en todas las épocas, pero, por lo general, la voz del poeta es la de un ser transido de melancolía que transmite palabras y visiones trascendentales. No así la de Larkin, que es claramente la de un soltero conservador de mediana edad que no soporta a los niños, que aborrece la vida en familia o en pareja, que no cree en nada y no espera nada de la vida. Un tono ácido, una visión amarga y ligeramente sardónica. Desprecio por la «vida literaria» y también por las cosas que normalmente a todos enternecen: el amor romántico, los recuerdos de la infancia, la naturaleza. Tampoco lo hace más simpático, al menos para quien esto escribe, el hecho de que fuera un gran admirador de Margaret Thatcher. Apasionado del jazz, sólo admitía el anterior a Charlie Parker, más bien sólo el estilo de Nueva Orleans. Como tantos otros misántropos, amaba, en cambio, a los animales, a los cuales, a través de esa célebre Sociedad Protectora de Animales tan británica, dejó la mitad de su herencia.
Otra cosa amó: los guateques y los gin-tonics. En «Compasión en Blanco Mayor», por ejemplo, describe con qué delicia se prepara uno. Quizá por eso fue uno de los poetas favoritos en España de esa que ha sido definida por un comentarista como «la generación del gin-tonic».
La voz de Larkin
En «The Dance», un extenso poema que no llegó a terminar (no incluido en la selección que comentamos), encontramos la voz de Larkin en su plenitud. El lenguaje es complejo, denso, irónico y la voz que habla es la de un hombre inteligente, aburrido, desilusionado y, por qué no decirlo, un poco cabroncete. El protagonista va al baile con la intención de emborracharse y de ligar, y se ve entretenido por un «gilipollas de mierda» («some shit») que lo entretiene con su cháchara.
Vayamos a otro ejemplo extremo, «Sea éste el verso»:
Aunque no adrede, lo hacen.
Te llenan con sus defectos
más algunos especiales.
Quizá no lo hagan aposta, pero lo hacen.
Te llenan con los defectos que ellos tuvieron
y añaden alguno extra, especial para ti.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
And add some extra, just for you.
Continúa el poema diciendo que a los padres les jodieron a su vez sus propios padres, «viejos necios atildados», que se pasaban la mitad del tiempo tirándose los trastos a la cabeza. La última estrofa es devastadora:
It deepens like a coastal shelf.
Traducir poesía es tarea de Tántalos.
Pero vamos con las dos últimas líneas:
Escapa lo antes que puedas
y no busques tener más hijos.
En inglés dice: «Get out as early as you can, / And don’t have any kids yourself».
De nuevo la versión española parece innecesariamente pálida e inexpresiva. El inglés diría, más o menos literalmente: «Escapa tan pronto como puedas, / y no tengas hijos tú». Hay un pequeño problema con el «más» del último verso, que supongo que es un «más» argentino, que quiere decir «nunca». Si lo leemos en español argentino, no hay problema, pero, ¿por qué «no busques», un énfasis innecesario que no está en el original?
Al leer el rotundo último verso, «And don’t have any kids yourself», entendemos que esta brutal declaración es la frase que Larkin quería decir y comprendemos el porqué de ese extraño «coastal shelf» («zócalo marino») que era un problema para los traductores: se trata, en realidad, del ripio necesario para hacer rimar la última palabra, shelf / yourself. El arte de un poeta está en hacer necesarios y plenos de significado sus ripios. Borges y Bioy se pasaron años y años hablando sobre este tema.
La presente traducción
Editada con enorme gusto por Lumen en un volumen especial, con pastas duras y una cubierta en cartón grueso (que durará más de lo que suelen) ilustrada con una gran foto del poeta, ésta es una magnífica introducción a la poesía de Philip Larkin.
De lo dicho anteriormente no debe deducirse que la traducción no nos parezca recomendable. Traducir poesía es una tarea tan difícil que es imposible hacerla a gusto de todos. Siempre falla o falta algo. Si se es demasiado literal, falla la música. Si se atiende a la música, se pierden matices del original.
Hay verdaderos aciertos, poemas que se leen con perfecto agrado en español:
la luz, gélida y amarilla,
baña las serenas
fachadas de las casas.
Canta un tordo
rodeado de laurel
en el jardín ancho y pelado,
y su voz ahora en el aire
asombra a los edificios.
Otro ejemplo de maravillosa versión al español: «Lugares, amores».
el lugar del que pueda decir
Este es mi sitio,
aquí me quedo;
y tampoco a esa persona especial
que enseguida reclame
todo lo que tengo,
incluso mi apellido.
La traducción de «Egoísta es el hombre», como sucede con algunos de los poemas más burlescos, está en verso, y es una de las que pueden darnos con más fidelidad el verdadero sonido de Larkin:
que Arnold es menos egoísta que yo.
Se casó con una mujer para que no se le fuera
y ahora la tiene allí hasta que se muera.
Podemos leer «Albada», uno de los grandes poemas, en español, y disfrutar plenamente de la intensidad sigilosa de su desesperación:
Me despierto a las cuatro en una oscuridad callada, y miro.
Los bordes de las cortinas no tardarán en iluminarse.
Hasta entonces veo lo que siempre ha estado ahí:
la muerte infatigable, ahora un día entero más cerca,
que borra todo pensamiento excepto
cómo y dónde y cuándo moriré.
Árida interrogación: no obstante, el temor
de morir, y estar muerto,
centellea de nuevo, te posee, te aterra.
Por lo demás, ¿quién podría traducir de manera satisfactoria las prodigiosas estrofas de «Las bodas de Pentecostés», uno de los grandes poemas de Larkin? Las primeras estrofas son poesía inglesa en su quintaesencia, y están escritas con un ojo para la realidad, para el movimiento, para los detalles del paisaje, para el entorno sensorial, que nuestra poesía raramente ha intentado (¿«En tren», de Antonio Machado?). Seguramente no hay forma humana de traducir:
La Poesía reunida de Larkin
El presente volumen recoge los tres libros principales de Larkin: Engaños, Las bodas de Pentecostés y Ventanas altas, además de otros seis poemas en una sección aparte, entre ellos «Albada», uno de los más importantes. No es, desde luego, la obra completa de Larkin, pero sí una panorámica extensa que recoge, sin duda, lo mejor de su producción. La edición de Faber & Faber de los Collected Poems de Philip Larkin contiene doscientos cuarenta poemas, de los cuales setenta pertenecen a la «Poesía temprana». El presente volumen está integrado por noventa y tres poemas.
Andrés Ibáñez es escritor. Sus últimos libros son El perfume del cardamomo (Madrid, Impedimenta, 2008), Memorias de un hombre de madera (Palencia, Menoscuarto, 2009), La lluvia de los inocentes (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012) y Brilla, mar del Edén (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2014).
26 octubre 2015
«All What Jazz: A Record Diary»
PHILIP LARKIN: SEMBLANZA DE UN CRÍTICO DE JAZZ. Por Enrique Martín Ferrera.
Portada de la edición inglesa de «Faber & Faber»
del libro «All What Jazz: A Record Diary» (1968), de Philip Larkin
-recopilatorio de sus artículos sobre Jazz publicados en el periódico londinense «Daily Telegraph»
Duke Ellington en el «Hurricane Club»
1943
Charlie Parker, Monk, Mingus y Haynes
New York, 1953
Louis Armstrong
París
1965
Pee Wee Russell
1906-1969
John Coltrane
Fats Waller and his Rhythm (1938)
Sidney Bechet. Boston, 1945
Bix Beiderbecke
Larkin en 1961
Larkin en 1982
10 octubre 2015
refutarme es como
tirar huevos a una roca.
Se pueden agotar todos los huevos pero la roca
permanece incólume.
El filósofo Wo agota los huevos del mundo contra
una roca
y la conquista.
Primero, al hacerla memorable.
Segundo, porque en lo adelante y dada su amarillez
excesiva
quienes acuden a la roca
confunden la luna y los caballos.
Y tercero, aún más importante: un veredicto actúa
sobre otro veredicto,
anula la obsesión de sus palabras.
José Kózer
09 octubre 2015
08 octubre 2015
POEMA NÚMERO DOS (Nazhun Bint Al Qalai)
28 septiembre 2014
“Cortad con vuestra espada la corriente del río:
el río seguirá corriendo.
Sumergid en el vino la pena: y será mayor la pesadumbre.
Ni el agua que transcurre, torna nuevamente
a su manantial. Ni la flor desprendida de su tallo
vuelve jamás al árbol que la dejó caer.
Fugitivo relámpago es la vida,
que apenas si da tiempo a sentir su pasar.
Inmutable es la faz de la tierra y del cielo
más cuan súbito es el cambio de nuestro propio rostro.”
Li Tai Po, 698-762
21 septiembre 2014
Cerro del Sur
Cerro del sur
- Wáng Wéi
nació en 699 o en 701, en Yongji (provincia de Shanxi), murió en 759 o en 761.
04 noviembre 2011
3 nov 2011, Boulder, Colorado, USA.
Una de mis frases del cine favoritas, del filme "Ben-Hur".
El príncipe Judá está remando en las galeras y es llamado por Quinto Arrio. El romano le dice:
"...se te mantiene vivo para que sirvas a esta nave. Rema bien y vive, 41".
Yo, ya estoy en los 40.
28 abril 2011
BLUES

Here's one of the most famous of all blues. It was written by W. C. Handy.
ST. LOUIS BLUES
I HATE TO SEE THE EVENING SUN GO DOWN.
I HATE TO SEE THE EVENING SUN GO DOWN.
IT MAKES ME THINK OF, OF MY LAST GO ROUND.
FEELING TOMMORROW LIKE I FEEL TODAY.
FEELING TOMMORROW LIKE I FEEL TODAY.
I'LL PACK MY CRIB AND MAKE MY GETAWAY.
ST.LOUISWOMAN WEARS HER DIAMOND RINGS.
PULLS HER MAN AROUND BY HER APRON STRING.
WASN'T FOR POWER AND THIS STORE-BOUGHT HAIR,
THE MAN I LOVE WOULDN'T GO NOWHERE--NOWHERE.
I GOT THEM ST. LOUIS BLUES AS I CAN BE.
HE'S GOT A HEART LIKE A ROCK THAT'S IN THE SEA.
AND IF HE WOULD NOT GO SO FAR AS ME.
24 julio 2010
EL FUTURO DE MI CUERPO

Luis Hernán Castañeda (1982), editorial Estruendomudo.
En Nederland, durante el "Festival del Hombre Muerto y Congelado", un chico llamado Ángel que viaja desde Torrecilla, pueblo del norte de México, a Boulder, al pie de las Montañas Rocosas, se ve envuelto en una serie de crímenes. La mutilación de los cadáveres, sin genitales, afirma el motivo del viaje: la ruptura de Ángel con Serena y contrasta con la celebración del amor de la comuna de los hippies que se reúnen en torno a la fiesta. Las relecturas de las relaciones románticas, la parodia y la ironía, el fin, el abusado eros y tánatos, aquí di-versión, muestran el rasgo carnavalesco y son una de las muchas indicaciones de la maestría de Luis Hernán junto a su ritmo equilibrista, ágil, otro de los grandes soportes de su estética, los metaguiños geográficos, engarzados como pistas cardinales, desde el inicio de la mexicana y onettiana línea de bus de Torrecilla hasta las llanuras boulderitas y la Neverland criminal y fantásticamente desapacible, todo forma, sin molestar siquiera el asunto moral de los policiales, en una milimétrica y larga línea de Hammett, la aparente simplicidad de Castañeda que no es más que el dominio de la sencillez magistralmente trabajada, igual que el empeño de Doyle, donde cada delito recibe su pena.
No es una novela recomendable: es una novela imprescindible.
El autor ha publicado otras obras como Hotel Europa (Peisa, 2005), y el libro de cuentos Fotografías de sala (Alfaguara, 2007). Actualmente reside en la ciudad de Boulder, en Colorado (EE.UU).
19 junio 2010
04 septiembre 2009
Corre rocker. Sabino Méndez.
28 agosto 2009
Curro Fortuny
CIELO RASANTE
Álvaro García
Agradezco, como lector, que la poesía de Francisco Fortuny
sea el soporte perdurable de una energía inusual. De dónde
viene esa energía habrá que preguntárselo a una incondicional fe
en la poesía como respiración del alma, como canto y como
apelación. De los procedimientos con que cuenta en Fortuny esa
fe, puedo decir que dos de los más valiosos -valiosos, sobre
todo, por ir juntos- son la sinceridad y el ingenio.
Sin pretender pronunciarme del todo en la entrañable discusión
sobre la sinceridad en el arte, sí afirmo que hay modos de
sinceridad que no se ahogan en la simple confesión. En
Francisco Fortuny, como en todo creador que sepa doblegarse a
las necesidades últimas de su trabajo, el material biográfico nutre
el arte, pero no es el arte. Del mismo modo que hay poetas que
cuentan lo que les pasa, hay otros que cuentan con lo que les
pasa, que lo tienen en cuenta quiero decir, y que si no despojan
de humanidad sufriente sus poemas, son a la vez conscientes de
que la poesía no es sólo humanidad individual, sino también
vigor hacia una emoción compartible.
Ahí, en ese vigor, es donde el ingenio de Fortuny -ingenio en
los sentidos clásico y moderno de la palabra- interviene
disipando brumas y lástimas, nieblas de una autocompasión que
en él no hay. Atento a las obligaciones de un arte transferible,
con todo lo que de armonía eso conlleva, Francisco Fortuny sabe
elevar a canto, a oración, la miseria neuronal del ser humano
ante sus misterios y los del mundo, la queja entre sí mismo y la
queja entre la gente. Y, aunque en sus versos haya naturaleza y
sociedad, es el ingenio mediador y sabio lo que salva a la
canción de ser acta biológica o política.
Parte de ese ingenio salvador es el ingenio en el sentido más
actual de la palabra: el juego humorístico de la inteligencia,
donde Fortuny logra con rotundidad algo que otros poetas sólo
aciertan o acertamos a rondar mediante un expediente poético
menor: la ironía. Es humor puro y duro lo que hay en Cielo
rasante y en otros textos con los que Fortuny consigue, de
manera plena y hasta el fondo, un desmantelamiento humorístico
del yo, una apuesta en cuestión verbal de cuyo fuego surge la
poesía.
El esfuerzo y el talento de Francisco Fortuny para hacer todo
eso no tiene, para mí, equivalente en la poesía española desde
Claudio Rodríguez. Que los críticos y los antólogos no se
enteren, es ya otro problema. Lo cierto es que en la poesía de
Francisco Fortuny, en su espiritualidad inclasificable, en su
insomne transitar las preguntas de la ciencia, en su amorosa
curiosidad por los hechos contrarios; en su ampararse, en fin, en
la música y en la belleza de un verso protector y alto, no habla un
hombre sino el ser humano. A diferencia de otros lectores y
críticos -que han visto en él más el utillaje que la intención, las
rimas tradicionales que el uso sesgado, oblicuo, de esa
tradición-, me es fácil hablar de Cielo rasante. Me limito a
defender una obra que me defiende como ser humano.
"...y dame un traje de exitoso macho,
dame un disfraz de triunfador fantoche
que me haga rojo sólo en el gazpacho
y negro sólo en luto por la noche,
que ya estoy harto de que a troche y moche
se me tache de chulo y de borracho ..."
(Cielo rasante)
22 julio 2009
Informe 22 -07- 09:
He vuelto a creer novelas.
He vuelto a leer novelas de autores vivos, de un autor vivo.

